A dormir
Érase una vez dos hermanos que no se cansaban nunca de jugar. Un día decidieron que dormir era malgastar el tiempo, un montón de horas perdidas tontamente sin poder corretear ni brincar. Y dejaron de dormir. Los primeros días disfrutaron como locos. Siempre se llevaron bien y les encantaba reirse y entretenerse sin tener en cuenta el "tictac" del reloj ni si oscurecía o salía el sol. Pero, sin saber porqué, empezaron a enfadarse jugando al pilla pilla, o al escondite, o con las canicas. Cualquier cosa les irritaba: "ese coche es mío", "has hecho trampa", "ya no te ajunto"... Estaban en una plaza, dándose la espalda, sin hablarse, cada uno en su cansado recreo cuando una señora mayor que le daba de comer a las palomas se dirigió hacia ellos. -Se os ve cansados chiquillos ¿acaso no dormís? - No señora -dijo uno de los hermanos- así podemos jugar mucho más cada día. -Pero si no descansáis por la noche no disfrutaréis durante el día. ¿A que cada vez...