Formentera

Solsticio de verano:

... Y Formentera acabó con saltos de hamacas en plena noche, huyendo despavorido del ataque de una excavadora gigante y belicosa. Y acabó persiguiendo tortugas en un bloque de macizo hierro que flotaba. Faros, agua de cristal, un sol redondísimo... For me, for you... formentera.
Para cuando pierda el norte.
Si te pierdes búscate en la arena del fondo del mar, entre algas y pececillos curiosos y transparentes. Búscate en un barco pirata de plásticos y piedra. En un mar en estéreo, caliente por la derecha y gélido por la siniestra. Búscate perdiéndote en azules que el ojo no interpreta y súbete a un faro, móntate en su parpadeo buscando delfines en los acantilados y dibujando formas con las estrellas y las nubes. Cientos las unas, excasas las otras

Equinoccio de primavera:

Al otro lado del río, atravesando sal a toques de bocina... existe una ínfima isla -hueca por dentro y por fuera- en la que la niebla se arremolina en bancos compactos, paralelos y distanciados. Es niebla veloz, de paso ligero. Muros de algodón frío que cortan transversalmente la isla y que fabrican pasillos límpidos donde el sol abrasa y tiñe de rojo la carne que se niega a ser blanca.
Un caballito de mar ciclópeo de comunión perfecta entre paredes verticales -recreo de las gaviotas- y suaves arenales que lamen el mar.
Hay una playa secretísima donde los políticos tiran los papeles confidenciales troceados a tiras. Y hay paisajes lunares donde te saltan a la cara meteoritos jurásicos, y piedras con forma perfecta de tortuga, de persona o ser interplanetario. Un lugar éste donde el mar se mira de cara y se separa para que -cuál Moisés y el éxodo- pasee un nuevo mesías armado de su bastón, fabricado con el infinito cordón umbilical de Jesucristo. Báculo que guía a tres neo-apóstoles adoradores de este profeta de la mochila colgante.

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