La nada existe (¿no?)
Antes de inicar este relato con la fantástica frase “antes de iniciar este relato”, he estado aproximadamente tres días en ayuno mirando con ojos nublados el teclado de la computadora (que no ordenador). Tenía la ardiente necesidad de rellenar unos cuantos minutos de mi existencia y no encontraba historia alguna que tuviera cuerpo. Y he decidido escupir la nada que me infecta el cerebro escribiendo sobre eso mismo: sobre nada. Y es ahora cuando puedo notar los golpecitos eléctricos de mis neuronas empezando a desesperezarse y a comunicarse entre ellas (“la pe con la a: pa”). Y reflexiono de forma barata y llego a una conclusión metafísica: la nada no existe porque ya es algo. ¿Qué os parece? Fui siempre un auténtico desastre en filosofía y seguramente exista ya algún loco presocrático que llegó a esa conclusión previamente. Pero para mi conquistar una verdad tan pura es algo inédito, quizás irrepetible, y es por ello que me he propuesto crear una escuela filosófica, un nuevo pensamiento que os invito a compartir. Haced vuestra la idea de que “la nada no existe porque existe” y planteadla en las sobremesas de los domingos con la familia. Cargadla con vosotros y dejadla ir en los bares y pubs de vuestros poblados. Dirigíos sin miedo a vuestro vecino de asiento en el tren y planteadle la cuestión. Invadid los huecos centros culturales de barrio sustituyendo el alcohol y los estupefacientes del sábado noche por discusiones de más calado como la que os propongo. Gracias.
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