Reflexión laboral
Lleva el ser humano centenas de lustros desarrollando lenguajes. Algunos de ellos han ido desapareciendo o alimentándose de nuevos idiomas hasta mutarse en algo nuevo o diferente. Algunos, muchos, simplemente perecieron y se olvidaron. ¿Cuántas palabras habrá inventado el hombre? Según el famoso etimólogo francés François Aulait, los humanos hemos utilizado a lo largo de la historia un total de 987.566.217 palabras. Pero ningún lenguaje, ni el más evolucionado que pueda haber existido, guarda en su diccionario particular un espacio para un adjetivo con el que un servidor pueda expresar medianamente lo que siento sobre eltrabajo.
Un sabio prusiano de finales del siglo que viene -no recuerdo ahora su apellido, aunque tampoco su nombre- realizó una épica, descomunal reflexión sobre la vida laboral a la cual, humildemente, me sumo. Es suya la afirmación, oh!maestro prusiano, una frase que hízome comprender esa perpetua desazón que sentía (y siento aún) a primera hora de la mañana. "¿Porqué ir a trabajar hoy si ya lo hice ayer?".
"El trabajo dignifica al hombre, el trabajo hace superarte...". A mi, particularmente, el trabajo me toca los cojones.
Y no pretendo quejarme en demasía puesto que mi actual empleo es de mi agrado. Pero mientras me dejo los dedos en la tecla que pone "U" y en la tecla que pone "R" (por citar dos al "azahar")... hay fuera calles, sol, noche, cervezas, chicas... muchas chicas. Féminas que pronto empezarán a ir con tirantes y, oh! dolor!, con una bolsa cruzada que separará y marcará más aun sus protuberancias pectorales. Y no sólo eso! Además es inminente esa luz cenital, ese sol "amediodiado" que hace grandes los pechos pequeños, y senos inacabables aquellos que ya de por si son de muy considerable medida.
Suspiro y llego a una conclusión. Para evitar males mayores, visto lo que va a campar durante este equinoccio primaveral por la calle, mejor no salgo del trabajo y al menos no moriré de exceso de enamoramiento súbito.
A sus brazos, pies y cualquier extremidad conocida y/o desconocida...
Ociosamente suyo
Un sabio prusiano de finales del siglo que viene -no recuerdo ahora su apellido, aunque tampoco su nombre- realizó una épica, descomunal reflexión sobre la vida laboral a la cual, humildemente, me sumo. Es suya la afirmación, oh!maestro prusiano, una frase que hízome comprender esa perpetua desazón que sentía (y siento aún) a primera hora de la mañana. "¿Porqué ir a trabajar hoy si ya lo hice ayer?".
"El trabajo dignifica al hombre, el trabajo hace superarte...". A mi, particularmente, el trabajo me toca los cojones.
Y no pretendo quejarme en demasía puesto que mi actual empleo es de mi agrado. Pero mientras me dejo los dedos en la tecla que pone "U" y en la tecla que pone "R" (por citar dos al "azahar")... hay fuera calles, sol, noche, cervezas, chicas... muchas chicas. Féminas que pronto empezarán a ir con tirantes y, oh! dolor!, con una bolsa cruzada que separará y marcará más aun sus protuberancias pectorales. Y no sólo eso! Además es inminente esa luz cenital, ese sol "amediodiado" que hace grandes los pechos pequeños, y senos inacabables aquellos que ya de por si son de muy considerable medida.
Suspiro y llego a una conclusión. Para evitar males mayores, visto lo que va a campar durante este equinoccio primaveral por la calle, mejor no salgo del trabajo y al menos no moriré de exceso de enamoramiento súbito.
A sus brazos, pies y cualquier extremidad conocida y/o desconocida...
Ociosamente suyo
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