Lennon

El concepto "mascota" no es correcto cuando hablamos de ti. Fuiste "familia", uno más. Se puede decir que tenías un hueco en casa preparado antes de que nacieras porque cuidamos y quisimos con locura a tu madre, la Lola. Te conocíamos antes de que existieras.

Un 28 de mayo de 1995 naciste. A las pocas semanas viniste a casa. Eras un pequeño peluche blanquito, suave, temeroso y travieso. Te acercabas a los juguetes con cuidado, los tocabas ligeramente y te retirabas como un rayo hacia atrás y ladrabas. Fuiste Bueno (con mayúsculas) desde el principio hasta el fin. La única trastada que recordamos fue cuando te comiste el chorizo de un bocata que dejó mi hermana olvidado en la mesilla del comedor.

Nos perseguías por el pasillo buscando atraparnos por las zapatillas. Te comías los kleenex usados de la Nuri y meabas, antes de saber mear con orden y criterio, sobretodo en mi habitación.

En seguida encontraste tus espacios preferidos en la casa, los más fresquitos: entre las cortinas, debajo de la cama de mi abuela... pero sobretodo en el hueco que había entre los sofás. Ese era tu lugar, dónde sabíamos que te encontraríamos. El sofá ya no está (entre otras cosas).

El verano te cogió de cachorro. De tanto correr te ardían las patas y te las mojabas salpicándote con el cuenco de tu agua, prácticamente bañándote de cabo a rabo. Con la comida fuiste siempre un sibarita: mejor una buena gamba que pienso para perro. Nos pedías comida a todos con insitencia, pero sin ladridos ni asaltos: te sentabas mirándonos fijamente e ibas resbalando poco a poco hacia atrás hasta darte con el trasero en el armario blanco.

Blanco era tu pelo. Con el tiempo fue "lolizándose" adquiriendo tonalidades marrones. De lo suave que era se te formaban nudos imposibles de deshacer con el cepillo, nudos marineros que requerían cortes de pelo drásticos. La primera vez te raparon demasiado, lloramos en casa, y a ti te daba vergüenza. No parabas de perseguirte las pelotas extrañado y medio asustado.

Una vez me fui de casa, cuando volvía de visita, me llevaba siempre pelos tuyos enganchados. Se me va a hacer extraño que no vaya a pasar más. Son esas pequeñas tonterías las que hacen dura tu falta.

Estuvimos contigo, sobretodo mi padre y mi madre, siempre. Cuando tuviste los ataques epilépticos nos preocupamos, cuando se cayó la cama encima tuyo y ahora hacia el final con cada pequeño achaque.

A la abuela Antonia le diste mínimo cinco años de vida más con tus paseos. Ahora pregunta por ti pero no acaba de entender qué ha pasado (o no quiere hacerlo).

Y mi madre te ha llorado cómo no ha llorado a casi nadie antes. ¡No sabes lo que te quería! Bueno, sí lo sabes por cómo la miraste antes de marcharte, con un amor infinito.

De mi padre... ¿qué te puedo decir? Este es el capítulo especial de toda la historia. Eráis una pareja inseparable, conocida en todo el barrio. Te sacaba a pasear con un libro bajo el brazo, os sentábais en la esquina de la calle, o en algún banco, o debajo del olivo. Él leyendo compulsivamente y tú disfrutando de los aromas y el ambiente, descansando relajadamente. No creemos demasiado en el más allá pero cuánto quisiera que os reencontráseis, no puedo dejar de imaginármelo y desearlo.

Echaré de menos mil cosas Lennon. Llamarte por tu nombre, o por tu pseudónimo ("Zamorano" cómo te quiso llamar mi hermana). Hacer aquél silbido clásico con el que te girabas y venías corriendo. Te acercabas a saludar y volvías atrás para no dejarte al que llevaba la correa. Echaré de menos cómo saltabas por el sofá medio enfadado cada vez que te bañaban. O cuando, después de comer, te limpiabas en el sillón de al lado del balcón o, a veces, pasando por debajo de nuestras piernas.

Añoraré darte besos, rascarte por debajo del hocico mientras tu ladeabas ligeramente la cabeza para hacerlo más placentero. Añoraré darte los palitos del armario que tanto te gustaban, o cómo ladrabas a las bicis, huías de las moscas y las puertas de párking. Añoraré tus ladridos, tu actividad pausada de siempre e incluso la presencia de perro mayor ya medio ciego y achacoso. Mis hijos te conocieron al menos, te buscaron por el suelo para estirarte del pelo. Tú has sido su familia también.

Fue durísimo despedirse de ti.

Lennon... lo que escribo lo escribo llorando, triste pero emocionado y contento por haberte conocido y querido. Te recordaremos siempre, eres Mi Perro (con mayúscula).

Comentarios

Entradas populares de este blog

La cuerda

El niño que descubrió la Luna

Efeméride