Espejismo de naipes

El último pensamiento de la jornada te lo suelo dedicar muy a menudo a ti padre. Tengo que recordar tu presencia para que no se me resquebraje el pecho. Pero en seguida te sé ausente y cuento los días que hace que partiste. Cada vez más tiempo, tanto que empiezo a verte pequeño en la distancia. Y cuanto más diminuto, cuanto más lejos estás, más colosal se vuelve la angustia por el cuándo y cómo se te llevaron. Por eso intento pensar en el "ti" de antes de 2008, porque no he superado el "ti" de ese año. Y porque se me empapa de dolor el alma si te dibujo en el presente ya que -por un momento- creo la ilusión de verte jugar con tus nietos. Es puro espejismo, un oasis ficticio en medio del desierto, un castillo de naipes que se desmorona con un soplido. Ver las cartas en el suelo, derruida la ilusión, me hace querer noquear la vida y me hunde. 

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