Improvisación
De madrugada, con el reloj parpadeando a punto de llegar a las cinco, con dos whiskys y alguna que otra cerveza cerrando mis ojos, irritados por el cansancio y el humo del local... escribo sin ánimos de revisar. Ha sido, fue, hace una horas día de Sant Jordi. Lo he pasado estupendamente acompañado por alguien que adoro y con la que he recuperado un contacto que creía absolutamente extraviado en un laberinto de rencores, silencios y malentendidos. Y ha sido un día lleno de bonitos paseos, risas, sonrisas y conversaciones clarificadoras que centran la mente y calman las entrañas. Pero ahora, dentro de unos minutos, me sumergiré entre sábanas llevándome un regusto agridulce. Bien por ella, por lo que significa para mí, por lo reconquistado. Mal por todo lo otro. Por un año de distancia, por la incertidumbre... por no despertarme a su lado. Es extraño lo que diré ahora por contradictorio, pero esa es la pesada cadena que nuestra condición humana ha de arrastrar. No quiero noviazgos, no qui...